Cambios constitucionales, o por lo menos su intento, parecen inminentes en este gobierno. Las dudas de la Administración Humala estarían en decidir si van por la reforma parcial o si toman la ruta del cambio total (con Constituyente de por medio). Éste podría ser el motivo por el cual el Gabinete aún no ha ido al Congreso. Necesitaría ganar tiempo.
Según la Constitución actual es posible realizar reformas constitucionales dentro del propio marco legal sin necesidad de recurrir a una Asamblea Constituyente. De hecho varios artículos de esta Constitución han sido modificados y párrafos enteros suprimidos sin tanta publicidad. Observen los artículos 11º, 31º, 34º, 74º, 77º, 80º, 81º, 87º, 90º, 91º, 92º, 96º, 101º, 103º, 107º, 112º, 191º, 194º, 200º y la primera Disposición Final y Transitoria de la actual Constitución. Todos modificados. Incluso el Capítulo XIV sobre Descentralización, que iba del artículo 188º al 199º fue íntegramente cambiado. Además, se ha incorporado dos Disposiciones Transitorias Especiales que inicialmente no estaban previstas.
Esto nos lleva a pensar que la idea real del nuevo Gobierno no sólo es modificar uno o dos artículos como señalaron algunos Ministros (hablando de ampliar el rol subsidiario del Estado en materia empresarial, art. 60º), pues eso podría hacerse en dos legislaturas ordinarias sin mayor zozobra. Por el contrario el Presidente y los Vicepresidentes han dado un gesto político más audaz reivindicando la Constitución de 1979.
Si bien, por ahora todo es especulación, la interrogante subsiste y merece que ensayemos algunas respuestas.
Primero podría decirse que sólo se trata de una medida de control de daños mostrando simbólicamente el deseo de cumplir con la palabra empeñada en campaña, haciendo un gesto para el balcón. Otra posibilidad es que realmente tienen el deseo de impregnar en una nueva Carta Magna una visión política o ideológica distinta, pero sólo en términos generales, sin mayor cambio sustantivo.
Pero puede haber algo más profundo. Sin pretender tomar el lugar del psicoanalista del Presidente, repasemos su perfil y razonamiento. Ocurre que un motivo común en líderes ideologizados, mesiánicos o con formación castrense, es el deseo de marcar la historia con su nombre de manera especial. Sería la era Humala: una nueva etapa en la historia republicana – constitucional. Y para que sea tal tendría que incidir en cambios profundos de connotación política, social y económica. Por ejemplo, cambiar el régimen de propiedad (de mucha relevancia para los proyectos de hidrocarburos y las comunidades campesinas y nativas), o reformar el régimen laboral adscribiéndose a un sistema proteccionista; o, modificar el régimen de autonomías regionales con descentralización fiscal, reconociendo a su vez como “naciones”, y en rango constitucional, a comunidades como la Aymara y las amazónicas. El riesgo es que este proceso podría abrir una caja de Pandora con efectos imprevisibles. Las organizaciones populares, que en gran medida fueron votantes del actual Presidente y que tienen demandas largamente postergadas pueden generar un desembalse de pedidos, saliendo a las calles para exigir a la clase política que reconozcan sus legítimas demandas, y el Gobierno, lejos de limitarlos, podría ponerse al frente de ellos para fortalecerse con el calor popular. El riesgo es que terminemos como Bolivia o Venezuela despertando los más de 200 focos potenciales de conflicto registrados por la Defensoría del Pueblo.
De cualquier manera, hablar siempre de cambio constitucional no es un juego, especialmente si se elige el camino largo y complicado de la Asamblea Constituyente. La posibilidad de generar enfrentamiento social, fracturas políticas y efectos económicos adversos son enormes; y no olvidemos que –como todo indica- ya se avisora un panorama económico mundial no muy auspicioso.
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