Por: Gilbert Violeta
El Perú es un país cargado de riqueza minera con un enorme sentimiento anti minero.
En el imaginario popular la mina representa la mita, el socavón, la explotación y la muerte lenta e indolente. La minería no ha servido para mejorar la calidad de vida de la comunidad. Hualgayoc (Cajamarca) por ejemplo, tiene un ingreso familiar per capita de apenas S/. 216.00 (o sea, 7 soles diarios), el analfabetismo es superior al 30%, y ocupa como provincia el puesto 172 (de 189) en el Índice de Desarrollo Humano del PNUD (http://www.pnud.org.pe/frmDatosIDH.aspx ). Así, no es difícil ser anti minero.
Por otro lado, un país como el Perú basa gran parte de su riqueza en la minería (S/. 4,000 millones este año). La minería le da al fisco los dólares necesarios para su flujo comercial. En la última década ésta inició un verdadero proceso de modernización. Con el crecimiento de la economía y los ingresos mineros también creció –y de manera exponencial- la natural expectativa de la gente.
Seamos claros. La obligación de la mina no es hacer obras. Se le exige cosas que no le corresponde: el colegio, la carretera, los abonos, etc. Su obligación es pagar impuestos (todos los que corresponde, sin triquiñuelas legales), cumplir sus obligaciones laborales y respetar las normas ambientales que imponga el Estado. Hacer obras no es su obligación. Esa es una obligación del Gobierno Central, del Gobierno Regional y de los Municipios.
El problema de fondo no es “mina si o mina no”, ni la disyuntiva “oro o agua”. ¿Por qué no es posible elevar el estándar ambiental y exigir mayor cuidado y control en el uso del agua? Hay mucha tecnología desarrollada en el mundo para hacer esto posible. Costará más, sin dudas, pero es un costo necesario.
El problema de fondo radica en el sistema de distribución de la riqueza. El sistema de Canon, impuestos por obras, y los programas asistencialistas, no son suficientes. No hay chorreo, no hay disminución de la brecha, no hay más infraestructura y no hay plata en el bolsillo.
La gente tiene que sentir que por fin recibe un beneficio directo de la explotación minera y que él o ella y su familia entera se benefician de la riqueza de la nación. En esto PPK tiene razón. Distribuyamos parte del Canon a la gente, sin mayores vueltas. Otra parte del Canon debe servir para cubrir dos fondos específicos, uno educativo y otro agrario. Hay innumerables experiencias positivas que se pueden replicar en ambos sectores. En 10 años veremos los resultados, que no dudo, serán positivos.
Lima, 05.Dic.2011
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